Desde el ingreso del país en
la Unión Europea (UE), la economía portuguesa
tuvo muy importante cambios. En el marco de
la división internacional del trabajo,
Portugal ocupa el papel de un país a mano de
obra barato (el salario mínimo es de 475
euros al mes). Es un país imperialista menor
(posición visible, en particular, en las
relaciones políticas y económicas que
mantiene con sus excolonias africanas) cuya
influencia disminuye. Su ingreso en la UE
significó la liquidación de una gran parte
del aparato industrial del país, su
agricultura y su pesca.
Estos cambios económicos favorecieron el
desarrollo de sectores altamente
especulativos, como, por ejemplo, las
empresas de telecomunicación o también el BTP
(construcción). La entrada en el euro en 1999
vino a empeorar la situación de los
trabajadores puesto que los precios al
consumo han estallado y los salarios se
congelaron prácticamente a partir de esta
fecha; por otra parte, se privatizó
ampliamente los servicios y las empresas
públicas. La víspera del estallido de la
crisis de los subprimes en 2007, la situación
económica del país era pues ya muy mala. La
crisis agravó los problemas de endeudamiento
público y privado. Los capitalistas así
decidieron especular sobre esta deuda,
debilitando aún más la situación del país. La
burguesía portuguesa, basándose en el
chantaje y las manipulaciones de las agencias
de notación e instituciones financieras
imperialistas, aprovechó esta situación para
liquidar los últimos vestigios de las
conquistas sociales de la revolución de 1974
que había permitido el derrocamiento de la
dictadura y el término de la guerra
colonial.
Tras Grecia e Irlanda, Portugal será pues
el tercer país de la zona euro que recibirá
una "ayuda" financiera internacional desde
2007. En efecto, puesto que el Gobierno
"socialista" de José Sócrates no pudo hacer
pasar solo, en casi un año, un cuarto plan de
austeridad, la burguesía portuguesa, ayudada
por la de los otros países europeos, decidió
recurrir al Fondo Monetario Internacional (el
FMI) y el Banco Central Europeo (BCE). El
tono fue dado por el director del FMI, el
"socialista" Dominique Strauss-Kahn, a partir
de mediados de abril, cuando este último
declara en una entrevista concedida a una
cadena privada portuguesa: "Portugal va a
deber efectuar cortes presupuestarios
dolorosos durante mucho tiempo." El mensaje
es claro y sin ambigüedades, es la clase
obrera portuguesa que va a pagar la crisis de
los capitalistas.
El Gobierno PS dimisionario, que
administra actualmente los "asuntos
corrientes", negoció el 3 de mayo con el FMI
y el BCE un "plan de ayuda" de 78 mil
millones de euros. Como contrapartida, el
Gobierno portugués se compromete a reducir el
déficit público al 3% del PIB a partir de
2013, cuando este fue del 9,1% en 2010.
Concretamente, eso va a traducirse en ataques
aún más violentos contra los trabajadores.
Ya, el año pasado, los salarios de la función
pública se redujeron hasta el 10 %, los
impuestos se aumentaron para los trabajadores
y los jubilados, las prestaciones sociales
fueron reducidas, etc. En adelante, los
derechos al desempleo van a ser reducidos
(indemnizaciones reducidas como máximo a 18
meses por un importe máximo de 1.048 euros al
mes), las pensiones superiores a 1.500 euros
van a bajarse, funcionarios van a ser
despedidos, la compañía aérea nacional (TAP),
Electricidad de Portugal (EDP) y la Red
eléctrica nacional (REN) van a privatizarse
completamente.
Entre los 78 mil millones de euros de
ayudas previstas, 12 mil millones de euros
van a inyectarse en los bancos cuando son
estos mismos bancos que, a través de la
especulación, en particular sobre la deuda de
Portugal, son la causa de la agravación
especialmente aguda de la crisis en el país.
Uno de los bancos que "se había
nacionalizado" hace algunos meses (realmente
el Estado había readquirido la deuda del
banco) alrededor de 5 mil millones de euros,
el Banco Portugués de Negocios (BPN) va a ser
liquidado a los especuladores. Esto
constituye un perfecto ejemplo de lo que
significa privatizar los beneficios y
nacionalizar las pérdidas.
Además, la intervención del FMI y el BCE
tiene por objeto circunscribir la crisis en
Portugal y evitar que se propague a España,
cuya economía está muy imbricada en la de
Lisboa. Una intervención del FMI en España
debilitaría aún más a la Unión Europea.
Las masas se niegan a
pagar la crisis de los capitalistas
Pero el violento ataque de la burguesía
contra la clase obrera portuguesa suscita una
importante reacción de las masas. Para
comprender esta reacción, es necesario
recordar que Portugal conoce un movimiento de
agudización de la lucha de clases desde hace
varios años ya. En un movimiento desigual y
combinado, se observa un rechazo creciente de
las políticas gubernamentales. Las
movilizaciones de los trabajadores son cada
vez más duras y cada vez más masivas. Este
movimiento se aceleró, en particular, desde
la segunda mitad de los años 2000, a partir
del momento en que se nombró a José Sócrates
Primer Ministro.
Desde 2005, varias manifestaciones se
organizaron en Lisboa reuniendo 100, 150 o
incluso a 200.000 personas. Movimientos de
huelga afectaron varios sectores, en
particular, la industria, los transportes y
la función pública. El conflicto aún se
amplió con la profundización de la crisis
estructural del capitalismo. En 2007, 200.000
personas manifestaron en las calles de Lisboa
a las puertas del edificio donde estaba
firmándose el Tratado que se impuso para
sustituir a la constitución europea rechazada
por referéndum en tres países (Francia,
Irlanda y los Países Bajos). En 2008-2009,
los profesores se movilizaron durante varias
semanas para oponerse a la reforma de su
estatuto y a la imposición de un nuevo modelo
de evaluación individual (este modelo de
evaluación finalmente se derogó a raíz de la
dimisión del Gobierno Sócrates). En este
movimiento, una manifestación reunió cerca de
80.000 profesores mientras que el país cuenta
con 120.000 profesores. En noviembre de 2010,
a la llamada de las dos centrales sindicales
del país (una primera en más de veinte años),
3 millones de personas cesaron el trabajo a
través de todo el país.
Pero el elemento
más significativo de este proceso de
ascensión de la lucha de clases es sin duda
alguna la movilización que se desarrolló el
12 de marzo pasado. Ese día, a raíz de una
llamada difundida por Internet, 300.000
personas descendieron en las calles de las
grandes ciudades del país. Eran 200.000 en
Lisboa, 80.000 en Oporto, varios miles en las
calles de Coimbra, Faro o también Braga, la
mayoría trabajadores y jóvenes, para
denunciar las políticas del Gobierno y exigir
la creación de empleos, mejores salarios y
mejores condiciones de trabajo. Esta
movilización, al origen de la cual se
encuentra el movimiento Geração à rasca
(1), hizo eco a
las revoluciones árabes. Algunas semanas
después de que el pueblo tunecino y egipcio
derribara sus tiranos, los trabajadores y los
jóvenes portugueses, precarizados por la
crisis, contribuyeron a profundizar la crisis
política que conocía el país desde hace
varios meses.
Bajo la presión de la calle, el PSD
(partido tradicional de la burguesía) se negó
a aportar su apoyo al plan de austeridad
propuesto por el Gobierno PS, lo que
precipitó la caída de este último. Además, la
movilización mostró la desconfianza cada vez
más importante que las masas expresaban
frente a las organizaciones obreras políticas
y sindicales. Que se trate del Partido
Comunista (PPC), del Bloque de Izquierda (BE)
o de la CGTP, todos estuvieron al remolque de
esta movilización y sólo fue en el último
momento que suscribieron la manifestación del
12 de marzo. Esta movilización prueba que la
clase obrera portuguesa se niega a pagar la
crisis de los capitalistas y que está
determinada a enfrentarse con la burguesía y
la burocracia.
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La necesidad de una
respuesta a la altura de la gravedad de la
situación: ¡la construcción de un partido
para el socialismo!
En Portugal como en otra parte, la
afirmación hecha por Trotski en introducción
del programa de transición se comprueba: "La
situación política mundial en su conjunto se
caracteriza sobre todo por la crisis
histórica de la dirección del proletariado."
En efecto, las masas portuguesas pueden ir
muy lejos. Es lo que muestran la movilización
del 12 de marzo y la dimisión de José
Sócrates. No obstante, en ausencia de partido
revolucionario combatiendo por el socialismo,
la ascensión revolucionaria de las masas se
enfrentará siempre a la contraofensiva de la
burguesía. Es lo que muestran la imposición
del plan de austeridad por el FMI y el BCE y
la organización de nuevas elecciones
legislativas el 5 de junio próximo a raíz de
la disolución de la Asamblea de la República
por el Presidente Cavaco Silva. Este último
elemento no es otra cosa, que la voluntad de
la burguesía, de desviar la agudización de la
lucha de las clases en el terreno
institucional de las elecciones, cerrando así
toda posibilidad de abrir una alternativa
independiente de clase por el socialismo para
los trabajadores y la juventud.
Dada la gravedad de la situación de la
lucha de las clases en Portugal, estamos
obligados a afirmar públicamente nuestro
profundo desacuerdo y por lo tanto no
queremos asociarnos a la política defendida
por la sección portuguesa del LIT-CI,
Ruptura/FER. En efecto, nosotros pensamos que
esta organización capitula a una posición de
Frente Popular llamando a la constitución de
una unión entre la PPC y el BE a las próximas
elecciones. Esta posición es una grave falta
política por una parte ya que refuerza la
voluntad de la burguesía de encerrar la
agudización de la lucha de las clases sobre
el terreno de las elecciones burguesas; por
otra parte, eso equivale a situarse a la
retaguardia de la conciencia de las masas que
expresaron en sucesivas ocasiones su enorme
desconfianza frente a las organizaciones
políticas y sindicales que pretenden
representar sus intereses.
El PPC es una organización estalinista,
que adopta una posición nacionalista y
burocrática. Para este partido, se trata de
defender los intereses de Portugal desde un
punto de vista patriótico, sin siquiera
proponer de ruptura con el capitalismo. Por
otra parte, esta organización, que controla
la principal central sindical del país, la
CGTP, hace todo para que los distintos
movimientos de huelga que sacuden el país
permanezcan aislados, impidiendo así la
convergencia de las luchas hacia una huelga
general para hacer fracasar la política de la
burguesía. Por último, en el día nacional de
huelga de noviembre de 2010 dónde 3 millones
de trabajadores cesaron de trabajar, la
dirección del CGTP tuvo el
“cuidado” de no organizar una
manifestación nacional centralizada que
habría constituido una verdadera demostración
de fuerza de la clase obrera contra el
Gobierno y la burguesía. En esta ocasión, las
direcciones del PPC y la CGTP pudieron contar
con el apoyo total del BE.
El BE, organización en la cual interviene
Ruptura/FER, por su parte pasó el límite de
la colaboración de clase en sucesivas
ocasiones durante los últimos meses. En 2010,
los diputados del BE a la Asamblea de la
República votaron en favor de la
participación de Portugal en el plan del FMI
y el BCE destinado a Grecia. Claramente, eso
significa que el BE aprobó el plan de rigor
impuesto por el capitalismo a la clase obrera
griega.
Recientemente, Ruptura/FER denunció de
manera justa dos posiciones escandalosas
adoptadas por parte de miembros de la
dirección del BE. En primer lugar, los tres
diputados del BE al Parlamento Europeo de
Estrasburgo votaron en favor de la
intervención imperialista de la OTAN en
Libia. En segundo lugar, el 16 de abril, se
publicó un texto de unión sagrada titulado
Convergencia nacional con respecto al empleo
y la cohesión social, que aceptaba el
principio de negociaciones con el FMI. Y se
encuentran entre los signatarios de este
texto a varios militantes del PPC y el BE,
como, por ejemplo, Rui Tavares (eurodiputado
BE que votó en favor de la intervención de la
OTAN en Libia), António Chora (responsable de
la comisión de los trabajadores de la más
grande fábrica del país, la fábrica
Volkswagen de Palmela) o también Manuel
Carvalho da Silva (miembro del PPC y
Secretario General de la CGTP). ¿En tal
contexto, cómo justificar por una parte de
permanecer dentro del BE y por otra parte
llamar a la constitución de una alianza
electoral PPC/BE para las próximas elecciones
legislativas del 5 de junio?
Expresamos también nuestro desacuerdo con
el contenido de la moción presentada por
Ruptura/FER en el marco de la séptima
convención del BE que se celebrará a
principios de mayo en Lisboa. En este texto,
Ruptura/FER afirma que la alternativa a la
dirección del BE es una política 100% a la
izquierda, es decir, una vez más situarse
sobre el terreno electoralista. Adoptar tal
posición, es seguir el camino del ex LCR
francesa. Ahora bien, esta organización
abandonó precisamente, en 2003, el
centralismo democrático, el combate por el
socialismo, para transformarse en Nuevo
Partido Anticapitalista (NPA) en 2009. Se
conoce la situación de crisis interna de este
partido y la incapacidad a que tiene para
responder a las tareas que plantea la
situación política actual.
¡No, los trabajadores no tienen nada que
esperar de las elecciones; no, los
trabajadores no tienen nada que ganar con un
Gobierno de tipo Frente Popular que reuniría
BE y PPC! ¡No, no se puede votar por la
intervención del FMI en Grecia y por la
intervención de la OTAN en Libia y decir que
se está del lado de los trabajadores! ¡Sí, es
un error fundamental hacer creer a los
trabajadores que es necesario militar en el
BE! ¡Sí, es necesario romper inmediatamente y
definitivamente con los partidos que efectúan
una política de colaboración de clase como el
PPC y el BE!
Esta es la razón por la que llamamos
solemnemente a todos los militantes de
Ruptura/FER a reaccionar y a rectificar esta
posición escandalosa de liquidación. Es
urgente romper con la colaboración de clase
del BE. Es urgente que los militantes de
Ruptura/FER lancen todas sus fuerzas en la
construcción de un partido revolucionario
internacionalista centralizado
democráticamente que combate por la
revolución socialista. Esto es lo que los
trabajadores y jóvenes en Portugal tienen
necesidad, es una organización estrictamente
independiente de la burguesía y el patronato.
El objetivo de tal organización debería ser
la movilización permanente de los jóvenes y
trabajadores con el fin de combatir la
burguesía, el FMI, el BCE, la UE y sus planes
perversos, derribar el capitalismo e
instaurar el socialismo, es decir, la
propiedad colectiva de los medios de
producción e intercambio para satisfacer las
necesidades sociales de los trabajadores y
los jóvenes. Finalmente, tal organización
toma su sentido que si su objetivo consiste
en pelearse por los Estados Unidos
Socialistas de Europa.
La situación de la lucha de las clases en
Portugal y en Europa, exige la construcción
de tal organización; ¡no responder a esta
necesidad es capitular a la burocracia, es
romper con el marxismo revolucionario!
Mathieu
(1) literalmente "Generación sin
futuro".
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